Quemar las naves

 

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Presentación

Como no es tiempo de retóricas poéticas,
desnudo sin vergüenza mi poesía
y sin vergüenza afirmo que lo dicho
es más de lo que indican los conceptos.

Digo hambre y quiero denotar
los aullidos de un estómago olvidado.
Digo frío y, sin duda, me refiero
al que magulla la piel diente con diente.
Digo muerte y no pienso en pajaritos,
sino en el fin de la alegría de un muchacho.
Y al decir tortura me refiero
al desenfreno criminal que en tal sentido
va manchando de sangre en las paredes
de las odiosas celdas de castigo.

Digo patria y no suene rimbombante,
es para mí una cosa tan pequeña,
que casi cabe acurrucada entre mis manos
y la llevo en el pecho sin perderla.
Recuerdos, digo, son los que me arañan,
y alimentan al tiempo los malditos, 
mis calles, mis jardines, los amigos:
todo lo que no está y está prohibido.

Y, por último, mi diccionario es corto,
digo fe y esa es la más clara.
Es una FE de mandíbula apretada,
de mirar adelante, y aunque arrecie
una tormenta de estiércol y de espadas,
es una fe mano a mano compañeros,
con el férreo latir de la esperanza. 


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