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Agradecimientos
Ante todo, evidentemente, a ti,
que por gusto o azar sostienes este libro entre tus manos y ello
implica que ha sucedido el alquímico acto de convertirte en anónimo
cómplice de respirar en clave de poesía. Los planetas entonces
respiran refulgentes.
A Richard Caress Millton, religioso
trotamundos, viajero y libertino
(como debe ser) que allá por el siglo XVI supo compaginar
bendiciones canónicas con travesías terrenales a tierras
inexploradas y al tiempo supo aventurar generosamente sus manos en
exploraciones cálidas, por pieles nativas y exuberantes, de
variada índole.
También supo plasmar en pergamino la metáfora "Trópico de
fuego y terciopelo" para lograr que los censores soslayasen
de la hoguera sus escritos poéticos, derivando
calenturientas y libidinosas mentes de la geografía del pubis
hacia atlas más amplios y continentales.
Metáfora que he expropiado con absoluta
desvergüenza.
A Margot Montero, que en el
génesis fue querubín romántico y soñador, cualidad que no ha
menguado, expulsada de los cuadros de Murillo por esconder poesías
inasibles bajo las alillas. Ya en su adolescencia fue derivando en
amazona guerrera y reivindicativa, cualidad que tampoco ha mermado
(afortunadamente) conjuntando sensibilidad con la belleza reposada
de una virgen madonna renacentista, a cuyos pies siempre me he
rendido admirativamente. ¿Quién - por tanto - mejor para saber
escribir un NO prólogo reivindicando el erotismo como realidad y
escudo al tiempo de otras realidades duras, incongruentes y
violentas, que los gobernantes sociales nos imponen?
A
Rafael Gordillo, que ha puesto el cerebro y amplio corazón de
artista del diseño en el esquema físico tan amoroso de este
trabajo.
A Orestes Navazo Adachi, exquisito
creador de mirada japonesa que ha logrado plasmar en sus
ilustraciones la suavidad, componente básico de las huellas de
Eros, de un estilo oriental que solaza la vista como una caricia
tornasolada.
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