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Niebla
blanca entre zombis danzantes
la polilla ha rasgado el telón.
Él, borracho, vomita vacíos.
Ella ondula tras el mostrador.
Cirujano
acechante en la selva,
incipiente tahúr colegial,
como un mago que estrena nervioso
la varita de hielo y marfil.
Trapecista
marcada de redes
en papel de mujer sin probar,
como un hada con sedas raídas
y antifaz empolvado al azar.
Chispas
grises y verdes esferas,
bisturí, comezón y después.
Una daga portátil al pecho,
una noche prestada informal.
Unos sexos que buscan amparo,
peregrinos del Eros local,
arrojando palabras y dados
al tapete rajado del bar.
Personajes
que llevan al hombro
soledad soledad soledad,
con promesas tan viejas y ajadas
que sonrojan el alma al entrar.
Chispas
grises y rojas esferas,
sobre llaga reseca, aun cordial.
Una piel que reclama las manos
de un poeta bimanco y letal.
Te
daré mi mentira mas nueva
troquelada en carbón vegetal.
Tatuaré tu canción mas caliente,
en color que se pueda lavar.
Y
mañana cuando llegue el futuro
no habrá magia ni mutis sexual.
Por no haber, no habrá nombres fiables
que poner a los cuerpos tal cual.
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