|
He
silbado a la noche,
como un ave al borde de la jaula.
Tus dedos repican en mi pecho,
y caen hacia terrenos sin consuelo.
Hay
flores rojas, abismos y campanas.
Te ofreces en panoplia efervescente.
No puedo fiarme de tus manos,
ni puedo concebir otros silencios.
|
|