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Una
prenda infantil, un salto vano,
la penúltima gota del deseo.
Anabel, con labios como rutas
de caderas y limbos confinados.
Mujer
señuelo, mujer de Babilonia
con los senos más amplios de Montmartre.
Tengo eccemas en el pecho y las memorias,
son oasis desahuciados por el sol.
Soy
el primate, primitivo, primigenio,
soy el mono ufano del himself.
Brazos largos, esperanzas cortas,
y un buzón con cartel de "Cromagnón".
Jamás
me hagas decir, amor oscuro,
que mastique una libélula de niebla.
Tu tos y la vecina van en cueros,
acariciando sus pecho sin pudor.
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