La Esquina del Edén

 

 

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Miro atrás al marcharme

Con el lado mejor de mi túnica
no soy desfacedor de entuertos,
no soy afilador ni navegante,
no soy una bárbaro transmutado en corsario
que regresa de tiempos imposibles,
tras bordear lejanos continentes.
Mi grandeza es la rústica,
expulsados curas y adivinos...
Adivinos? Cómo dices? dijo ella.
Entonces perdoné sus besos
como perdono las mareas.
Por tanto inevitables manos blancas
que arrojan hasta la boda por la borda.
Una pianola muda
para sueños erectos.
Por tanto abandoné mi autógrafo en sus muslos
y me marché para nunca
y para siempre.

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