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A
través de cataratas y Orinocos
cuando llegue el tiempo de rebajas,
de los amores griegos y latinos,
desliza tus sentido hacia los cuerpos:
Disneylandia ha muerto, viva el sexo,
inyéctame tu amor en los gemidos.
No
obstante la lluvia deja rastro,
la lengua es una antena enloquecida,
que se presenta cada noche sin remedio,
sin haber sido invitada, ni siquiera.
En Navidad, en los Grandes Almacenes,
dame un beso de amor bajo las cejas.
Son películas, color y blanco y negro,
repetidas hasta quemar el celuloide,
banda sonora para manos sordas,
al final de la historia, la pantalla,
sábana al fin, viaje y mancillada.
Hazme el amor a muchos cuadros por segundos.
Hay
una carta de fecha inconsistente,
las Naciones Unidas nos reclaman
con un comunicado en pura lana virgen.
Los delegados bostezan y se rascan
con gesto propio, sendas entrepiernas.
Viólame en falso por todo el hemiciclo.
Una
estrella colapsa entre sonrisas,
por su fingida timidez suicida.
sin registrar la noticia en los Mass Media.
Una cortina de toques y retozos,
eso sí, enrollable y transparente.
Dispárame tu sexo en plena frente.
Cuando
la soledad te apunte con el dedo
encierra la vergüenza en el zoológico,
aprende idiomas rancios y lejanos,
olvídate de mí, del planisferio,
siéntate en la grupa del dragón idiota.
Hazme el amor, sin ritmo ni cadencia.
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