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Te
veo en las viejas librerías
leyendo incunables de soslayo
como una diosa que prepara las maletas
para tornar cabizbaja al paraíso.
Te
veo por las calles empedradas,
breve falda exuberante y sedienta,
como un ángel perdido en la bohemia
buscando un aprendiz que lo pervierta
Te
veo en una cama tenue,
toda tú piel, que envidian las estatuas,
susurrando catedrales de erotismo.,
Me declaro peregrino eterno.
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