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Fui
gritando aterido:
sin ti es el peor invierno de este siglo,
no hay penicilina ni trineos,
mi chica luce
escote
que atrae a los leones congelados.
Dibujo los diagramas
mientras ella escupe en los proyectos,
afilando sonetos y lápices azules,
y estira el tiempo como látex joven,
para peinar la brisa de la playa,
dispuesta a saltar, ruta de ataque
gravitando mas lenta que la nieve
sobre mi muslo helado
ajeno a las mareas y a sus planes.
Pero
no deja de ser maravilloso
sin espuma templada ni juicio justo
empujar pompas rígidas. Empujo,
abro las carnes con estiletes oxidados.
Siento la estatua de hielo de la ausencia
cuando esa piel que es tu continente
tan tuyo, tan propio, tan ajeno,
no está aquí aun siendo sólo mía.
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