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Quisiera
ser cosechador
de estrellas
para tejerte una alfombra refulgente.
O tallador de diamantes de arcoiris
para hacerte un palacio cristalino.
Pero
aun si lograse tal prodigio
de enmarcar la ternura que mereces,
esta alquimia no sería suficiente
pues realmente deseo ser tan sólo
tu escudero
tierno,
tu dulce caballero,
donde duermas feliz y sin temores.
Y
así, de esa manera,
yo podría
darte los buenos días
con un beso de seda transparente.
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