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Te
adoraba mujer, te adoraba,
aun llevando tu aroma en la oreja,
aun robando las fresas y el sexo,
en la esquina oculta del Edén.
Fue
la guerra, mujer, fue la guerra
entre dos mutilados. Por ser,
fue un conflicto de pieles pintadas
cada cual del color de su piel.
Cabalgabas,
mujer amazona,
persiguiendo un olímpico dios,
trastocando en cenizas la arena
del reloj que por fin se quemó.
Fue
la guerra, mujer, fue la guerra
entre dos mutilados. Por ser,
fue un conflicto de pieles pintadas
cada cual del color de su piel.
Eran
falsos, mujer, eran falsos
pergaminos del tesoro sexual.
Los compramos a un ciego del Rastro,
los leímos en noche total.
Fue
la guerra, mujer, fue la guerra
entre dos mutilados. Por ser,
fue un conflicto de pieles pintadas
cada cual del color de su piel.
Nada queda,
mujer, nada queda.
Al oeste el pecado venial,
más al sur de tu ombligo increíble,
me reencarno y vuelvo a suicidar.
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