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Vera
llega desnuda al aeropuerto,
azorada su efigie en las pantallas.
Los calvos se concentran a su paso,
más allá de los mapas y sensores.
Vera
llega desnuda a la avenida,
vociferan los no civilizados.
Los céspedes germinan casualmente,
despreciando los soles y las nieves.
Vera
llega desnuda. En el Retiro,
nadie atiende al sabio que hace alquimia,
se congelan en verde los semáforos,
los viejos mármoles añoran atenciones.
Vera
llega desnuda al rascacielos,
aúllan los relojes del convento.
Vegetales de yeso se fracturan,
los hospitales quedan sin enfermos.
Vera
llega desnuda hasta mis brazos.
No hallo pensamientos demasiado salvajes,
para acunarla como una araña erótica,
ni redes tan intensas que sujeten mis besos.
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