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Amado
amigo, escucha el suave canto
que no otra cosa son las líneas de
un poema,
porque únicamente con poesía cabe el premio,
de
esbozar los sentimientos que provoca.
Yo
que he visto veinte mares y diez soles,
que la piel tengo curtida en cien tormentas,
siempre buscando el norte que es Ítaca
a través de singladuras en mil tactos.
Marino
viejo soy,
y con la temeridad de la experiencia,
ajeno a lestrigones y a los cíclopes,
afirmo
aquí por escrito y voz silente.
Que
nunca nunca nunca
he encontrado en naufragio plateado,
unos ojos de bellaza tan profunda,
ni
un corazón tan dulce,
tan de dorado terciopelo,
como el suyo.
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