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Y
puesto que febrero va escribiendo
con aguas y con vientos sus azares,
rebusquemos la limosna de las risas
abandonadas en las playas de esta vida.
Recuperadas
las briznas de alegría
leves, sutiles, cándidas o absurdas
te propongo encender tímidos trazos
que alumbren tu corazón y el horizonte.
Quiero beber la sal de tus heridas
disimulada en la espuma de las olas,
la que escurre lentamente lacerando
tus costados más íntimos, mas dulces.
Y
puesto que mi piel ya está curtida
en dolores pasados, tiburones,
que firmaron cicatrices en mi alma,
te serviré de neblina o de remanso.
Así
mañana, al fin, cuando despiertes,
como nada te pido, nada temas,
tú podrás contemplar amaneceres
navegando hacia Ítaca exuberante.
Yo viejo lobo, marinero y estepario,
seguiré mi derrota por la orilla,
sin mirar tus pisadas en la arena,
atesorando tu recuerdo en el estío.
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